sábado, 22 de agosto de 2015

Día 21

Arriba a las 10. Vado a fare colazione. Café con crostata di melacotogna.



Me visto, y vamos a la spiaggia. Hoy el día está mejor, pero me temo que tampoco nos bañaremos.





Piel de gallina. Pelle d'occa.


En cambio, aprovecho el tiempo que pasemos en la playa para presentaros a Doddi. Digamos que es el vecino más pesado que podíamos haber encontrado en la playa.


Al contrario de lo que piensa Angy cuando se lo enseño, Doddi es el perro blanco que está tumbado en el suelo, no la señora con el bikini morado.
Ladra cuando ve a otro perro, y no son pocos. Ladra cuando su amigo perruno va a pasear y él no. Ladra cuando ve una pelota, y detrás de nosotros está la pista de volley del Spinnaker Beach. Ladra cuando ve a un negrito que viene vendiendo cosas. Ladra cuando ve a un negrito o a una negrita, venga o no cosas. Ladra cuando pasa alguien por su lado con un objeto que suene, veáse una radio, o un móvil. Ladra cuando sus dueños comen. En fin, vecino molesto donde los haya.



De vuelta a casa, porque, efectivamente, al final no nos hemos bañado, pasamos por Conad, el supermercado. ¿Recordáis que el otro día Angelina daba macarrones a Penny e Ariel? Bueno, pues digamos que le han copiado la idea.


Enfrente de Conad, publicidad. Arriba del todo, la imprenta de al aldo de casa, cuyo anuncio está en todos lados, gracias a la cual sería fácil guiar a alguien hasta casa. Debajo, un kebab original. Debajo a la izquierda, fuera del poste de publicidad, un coche precioso, imposible de ver por le strade italiane (de nuevo scherzo). Il cinqueccento.


¡Ah, sí! También quiero enseñaros éste curioso paso de peatones, situado en la entrada de un colegio. Lógico, ¿verdad?


Llegamos a casa, y directas a la habitación, a quitarnos el bikini (a mí me duele el cuello de llevarlo mucho tiempo, incluso sin llevarlo apretado). Desde la habitación huele a verdura. Menos mal que la mamma le dijo a Angelina que solo queremos comer la cottoleta que sobró ayer...
Llegamos a la cocina, y vemos que estábamos equivocadas. Para comer tenemos la cottoleta de ayer, en salsa de pimientos, cebollita, y calabacín. Por eso olía a verdura.


Terminamos de comer, y hoy no tomamos café. La mamma se echa un rato, y yo me salgo a la terraza escribiendo.
Veo pasar tres veces la grúa por nuestra calle, que sale por la derecha del supermercado Sisa, en dirección a la playa para, a los 10 minutos, volver con un coche detrás, en dirección al depósito de coches.
Angelina sale a la terraza conmigo, y me cuenta que son 360€ lo que tienen que pagar los dueños de los coches para sacarlos de allí. Así es como recauda dinero il commune di Giulianova.
Sigo a lo mío, sigo escribiendo. Os presento mi nuevo cuaderno, comprado en Conad. Lo ví el primer día que fuimos, y no lo cogí porque, aparte de que era grande, estaba un poco roto. Quizá por eso, y no porque fuera grande, no lo he cogido antes, porque cada vez que lo veía me gustaba igual o más. Pero hoy me he dado cuenta de que necesito un cuaderno nuevo para continuar dejando mi viaje para leerlo cuando sea vieja, porque el diario de viaje está en sus últimas, así que, con un último empujón de la mamma con un “aaaanda, cógeteloooo, que te ha gustado desde el princiiiipio”, por fin puedo decir, que ¡es mío!



Tras tanto escribir, arriva l'ora della cena. Piadina di mortadela, dopo di una prima piadina di prosciutto alla brassa. ¡Ah, y acompañado de pomodoro fresco, no lo olvidemos!


Terminamos de cenar, me voy a la habitación a escribir, pero me canso y vuelvo a la cocina. Están viendo Sogno o son desto 2, el programa con el cantante/actor famosos de Italia que decía el otro día (intuyo que hace justamente una settimana).


Fotos para tratar de aprender, a base de errores, qué es eso de la profundidad de campo.





Mas o menos a las 23:10h, la mamma e io nos despedimos de Angelina. La mamma legge un rato, yo escribo menos de un rato.

Me falta decir poco menos que: a domani!

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