Cuando me
despierto, a las 10:30h, siento como si estuviera sola en casa. Voy
al baño, luego a la cocina, mira por la terraza, y en el comedor.
Efectivamente, estoy sola.
Me siento en la
mesa de la cocina para desayunar, y veo una nota de la mamma:
¡Buenos días! Me
he ido a la playa, y los tíos a comprar. Si vienes antes de que
vuelvan, cierra bien la puerta. ¡Un beso!
Tengo café,
chocolate milka, ciambellone, una especie de suizo con uvas
pasas, y pizza y focaccia. Desayuno un poco de cada.
Voy a la habitación
a cambiarme, y aparecen Tonino e Angelina.
Han vuelto de
comprar, y cuando quiero llegar a la cocina para ver si me da tiempo
a ayudar, ya han terminado de recogerlo todo.
Me pongo las gafas
“de playa”, y aviso que voy al mare. Y no, gracias zia
Angelina, no quiero llevarme nada de comida.
Llego a la playa,
saludo a la mamma con cosquillas en el pie, y tomo asiento.
Hoy hace viento,
así que mejor no nos bañamos.
Tras un rato
aprovechando el wifi gratuito de la spiaggia, volvemos a casa.
Pero pasamos por Conad, el supermercado.
Compramos fanta de
naranja, que a la mamma le había apetecido en el Spinnaker
como aperitivo, pero me tocaba pedir a mí, y no le he hecho ni
caso. Ahora sí, vamos a casa.
Nos esperan con los
macarrones con salsa de carne e piselli.
De postre, uvas.
Uvones.
Tomamos el café
con lo que queda de ciambellone, y al terminar nos ofrecemos
para ir a Sisa, el supermercado de enfrente de casa, a por
harina y leche, ingredientes necesarios para hacer la crostata de
melacotogna (el dulce de membrillo que trajo hecho casero la
mamma).
Nos da dinero
(porque no hay quien le diga que no), y vamos. Me gustan las cestas
de la compra de Sisa. Son azules, y parecen un cesto de la
ropa con ruedas.
Volvemos a casa, y
tras un rato en la cocina viendo como hacen la mamma e Angelina la
masa de la crostata, me voy a la habitación a poner un poco
al día el blog. Subo dos entradas, y retoco las fotos de una más.
Llegan Fabrizio
e Patricia, que vienen a cenar, y dejo las fotos subiéndose
mientras voy a saludar.
Al volver, se han
subido, así que me da el tiempo justo a colocar cada una en su
lugar, antes de que me llamen a cenar.
Para cenar tenemos
un poco de cottoleta con patatas, y de segundo, más
cottoleta con más patatas.
La cena la pasamos,
como no, chiacchierando.
De postre, ahora
sí, tenemos la crostata.
Olvido hacer foto,
pero no me preocupo demasiado porque sé que la desayunaré, y no
solo mañana.
Enseño fotos de mi
moto y su maleta a Fabrizio e Patricia y me dicen, a parte de
que es muy bonita y que soy una artista, lo mismo que mi madrina y
que mi prima Carla. Que debería hacerlas y venderlas (las maletas
para la moto, por si no queda claro).
Seguimos la charla
con un café (la mamma no, que si no luego no duerme), y
cuando pasa un poco de las 23h, Patricia e Fabrizio se
despiden. Conduce ella y necesita descansar, porque estos días está
durmiendo poco.
Cuando se han ido,
nos trasladamos a la cocina, donde continúo escribiendo y
escribiendo, tratando de pillarme. A las 00:00h la mamma dice
que cae rendida, así que yo, como siempre, le sigo.
Angelina
también bosteza, así que nos despedimos hasta mañana.
Un par de fotos a
la mamma, que está poniéndose muy morena y muy guapa.
Ya en la
habitación, continúo un poco con el ordenador. Cuando me canso,
sigo con el diario. Cuando me canso, apago la luz, y juego un rato al
móvil. Y cuando ya no puedo mantener los ojos abiertos, sí que sí,
a dormir. A domani!









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