Pues lo que parecía imposible porque nadie decía fecha concreta, se hizo realidad: hemos quedado a cocinar y comer, conexión Moralzarzal-Madrid-Galapagar-Gijón, y no se nos ha dado nada mal.
No se puede contar, pues ha sido largo, pero aquí van las fotos del proceso:
Arriba, Marta; a la derecha muy muy muy chiquitita (porque hicimos nosotras la captura de pantalla), yo; abajo a la izquierda, la mamma; abajo a la derecha, Giulia. Cada una con sus gnocchi, antes de cocinarlos.
Aunque hay quien sale más o menos favorecida (ejem ejem), es LA foto en la que salimos todos comiendo juntos (parejas incluidas). Lo dicho, ¡comilona en familia!
"Tras las cámaras"
Y por último, los nuestros. En nuestro caso salen marrones porque utilizamos harina integral, y he de decir que, aunque no los había probado nunca antes, están igual de buenos ¡y repetiremos!
De postre nos terminamos la crema de limón, que como es el final, le añade Angy un poco de leche (para dejar lo mínimo posible), y sale una especie de batido de lo más rico.
A lo tonto hemos aguantado 5h y media todas juntas, y aplaudido (más bien escuchado aplaudir) a los vecinos de Marta, y pitar a los autobuses de Gijón. La magia del internet.
Con Julia y mami aguanto otras 3h más, que se pasan volando.
Sorprendentemente, seguimos con hambre, así que Angy calienta el trocito que quedaba aún (ya cocinado) de focaccia en la tostadora, y yo me encargo de pasar el tomate y el ajito. Nos vamos directas a dormir y mañana es domingo, así que esta vez el aliento no será un problema.
De postre, nos permitimos probar parte de lo que será mañana la tarta de la cumpleañera, por lo que no desvelaré aún el sabor. Solo diré que ¡ya tengo ganas de que sea mañana!



















