lunes, 17 de agosto de 2015

Día 16

Al despertarme y salir de la habitación me encuentro a Penny. En la cocina, espera Ariel. Las ha traído Fabrizio, porque Tania está fuera por trabajo, y él viene a Giulianova a hacerse el pasaporte, y luego a comer con un amigo de aquí.


Desayuno muffins con café (parece que no se acaban nunca), y me voy a ponerme el bañador para poder ir a la playa. Me pongo el largo para no quemarme.

Ponemos rumbo al mare, y al llegar allí, armamos campamento. Hace viento. No hay tanta gente como otros días. Luego parece que sí. Están diferente colocados, no sé. Pero sí, son los mismos.
No creo que nos bañemos, pero la mamma tiene sed, así que me engaña, y entro a por una botella de agua.
Me pongo en la barra, detrás del señor que está pidiendo, y la señora de detrás de mí, pelirroja teñida (por si sirve de precedente), está inquieta. Va de un lado a otro, y pienso para mí, “esta se me va a colar”.
Se me cuela, pero no importa. Estoy de vacaciones, no tengo prisa. Además, parece que les conoce, así que... Quiere un café.
Mientras el chico de rizos atiende al que está delante de mí, y una vez que el calvito ha puesto el café a la pelirroja, me atiende a mí. Quiero una botella de agua. Frizzante no, naturale. Y el chico de rizos, mientras el calvito me pregunta el tamaño, me saca una botella de agua pequeña, natural. Se ve que ha visto que soy española, y que lo frizzante no me va (que luego en el fondo me da igual), o que las cervezas las pido pequeñas. Quien sabe. Cuesta 1€. Muchas gracias.
Hoy no nos bañamos. Hace bastante aire, y no quiero coger frío. Además, dicen que el agua está fría.
No es que nos fiemos mucho de eso, porque cuando está normal, para dos mujeres acostumbradas al cantábrico, es más caliente que medio. Pero aun así, no arriesgamos.
Bueno, pues a pesar de todo, lo creáis o no, sí, me quemo.
Volvemos a casa por un camino alternativo, y se nos hace mucho más corto. Además, pilla más sombra que por el que va todo recto.
Antes de entrar en casa, ya que es pronto, miramos qué es lo que venden en el supermercado de enfrente, Sisa.
Compramos Coca Cola, que Angelina siempre nos dice que si nos gusta, que la cojamos. También cogemos el azúcar en virutitas granella. Está tres céntimos más barato que en Conad.
Una vuelta más, y subimos a casa. Ya han comido, y Angelina se disculpa con nosotras. Resulta que la madre del amigo con el que Fabrizio había quedado para comer está en el hospital, y como no está el médico responsable, no hay ninguno que se haga cargo y se atreva a firmar el alta, no puede salir, así que el amigo de Fabrizio, que es hijo único, ha tenido que quedarse con ella. Por lo que Fabrizio ha comido con sus padres pronto para quedar con éste amigo a tomar el café más tarde. Pero no sabe a qué hora, así que es por eso que han comido sin esperarnos.
Total, que sin ningún tipo de problema, aunque Angelina piense que nos ha deshonrado o algo así, comemos solas.
Bueno, solas no, Angelina no abandona la cocina, así que en el fondo, es como si comiésemos con ella.
Como un primer plato, repito un segundo, y termino un medio tercer plato con la mamma, para no dejar nada. Pasta con le zucchine.



Dopo (y durante), molto chiacchierare.
Café con muffins, y tras compartirlo con nosotras, Fabrizio se va a tomar otro café con su amigo. Deja a las perritas, vuelve luego a por ellas.
Angelina, como buena “nonna”, da chuches a Penny e Ariel. Lo que no nos esperábamos, es que las chuches de los canes italianos, fueran estas.



Macarrones integrales. Les chiflan, sobre todo a Penny. A la otra hay que darle poco, que luego, nos cuenta Angelina, su dueña, Tania, le regaña.
Più chiacchierare, y la mamma e io decidimos (más bien solo la mamma), ir a pasear con los canes. Angelina se preocupa, no quiere que se nos escapen, que según dice, si eso ocurre, luego no vuelven. Por otro lado se queda tranquila, porque no se le ocurre consejo que darnos que no tengamos ya aprendido. Total, que salimos.
Por el camino, vemos un coqueto jardín, en el que se han colado nada más y nada menos que Blancanieves y los Siete Enanitos. No me queda otra que inmortalizarlos. Sí, sí, cuéntalos. Efectivamente, son Siete.


Volvemos pronto a casa, para que Angelina deje de preocuparse (sabemos que lo está desde el momento, no en que salimos, si no en que dijimos que salíamos).
Subimos, entran contentas. Beben bastante agua, y las adormentamos en el salón. Penny en el suelo, y la morruda de Ariel en el sofá. Poco a poco, Penny se acerca a Ariel. Ariel gruñe un poco, pero al final se deja. Las dos en el sofá, y cuando están de nuevo cerrando los ojos, suena el timbre. ¡Ya la hemos liado! Deben oler a Fabrizio. Penny salta el sofá, Ariel baja corriendo para rodearlo. Efectivamente, no era otro que Fabrizio.
Un rato de chiacchierare, nos despedimos de las perritas, y Fabrizio se las lleva a Martinsicuro, prometiendo que nos veremos pronto, que tiene un restaurante al que llevarnos. La mamma y yo no sabemos si nos apetece o no que nos llame, porque restaurante significa comer hasta no poder movernos. Pero bueno, quedamos en escribirnos.
Al rato, decimos a Zia Angelina que queremos ir a Lidl. Nos enseña cómo se llega, y nos da dinero para comparnos algo allí (de nada sirve negarse a cogerlo...).
Ponemos rumbo a Lidl, pasando por el sottopasaggio, y tardamos casi más en cruzar la general (porque los italianos, por norma general, no ceden el paso en el paso de peatones) que en pasearnos por el Lidl (y quien nos conozca, tanto a la mamma como a mí, sabrá que nos gusta mucho pasearnos por el Lidl).
Miramos los productos especiales de España, que están de promoción, es la settimana iberica, y nos llaman la atención, a parte de muchas otras cosas, unos polvos Made in Germany para hacer sangría. No sabemos si el resultado puede ser bueno, pero los cogemos para, por lo menos, probarlo. También cogemos unas pipas.
Vamos hacia la cola, miramos las tres cosillas que vamos a comprar, y decidimos que daremos otra vuelta por dentro. Las cajas están llenas.


Ironías de la vida, "lattina" de coca cola.
Surte efecto, y diez minutos después, las cajas están algo menos saturadas. Además tenemos la suerte de que abren una caja, y de que nadie se acerca a ella, a pesar de que los cajeros animen a ello.
Al salir del Lidl, vemos que no es tarde, así que ponemos rumbo hacia Via Trieste. No tenemos rumbo fijo, pero sabemos por dónde vamos.
Llegamos al punto al que llegamos la vez que intentamos conocer Giulianova a piedi, y andamos un poco más. Cuando vemos que es hora de volver, decidimos volver por el Lungomare. Es mejor, porque hay menos coche pero bastante gente. ¡Hasta hay un puesto de bicis de esas dobles!
Seguimos caminando, y encontramos un puesto de zumo de naranja como el de Pablo Sanjuán (eso me cuenta la mamma, solo que cree que ahora está transformado en manzana para llevarlo a las bodas como zona de la sidra).


Se acercan las 20h, y sabemos que no llegaremos a tiempo para cenar (aunque en casa nos insisten en que lleguemos a la hora que nos venga en gana), y aun así, nos metemos a ver un mercadillo nocturno que hay, siempre antes del puerto. Pasado el puerto, no hay nada. Vivimos en la zona tranquila de Giulianova.
Mercadillo visto, ahora sí, de nuevo rumbo a casa, esta vez sin paradas.
Llegamos a casa a las 20:15h. En la cocina, está Angelina de pie, y Tonino sentado comiendo. Se disculpa Angelina por los dos, porque Tonino ha empezado ya a comer. No pasa nada, le decimos. Aun así, a ella si le importa, y nos cuenta el por qué.
Resulta que tienen una pizzeria a la vuelta de la esquina, que la lleva un ragazzo giovane, cuya madre les conoce, y les dijo que lleva haciendo pizzas desde hace 10 años, así que la probaron hace tiempo, pero no les gustó, porque era muy aceitosa y muy fina, no era como la pizza pizza, así que en vez de comprarla ahí, otras veces fueron a comprarla más al centro, pero figúrate, con el tráfico que hay estos días, como vamos a ir a Via Trieste, así que nada. Resulta que donde compran i cornetti (los croissants/cruasanes), vio Tonino el otro día que también hacían pizza, así que a las 18h, hoy, Tonino ha ido a pedir la pizza, pensando en recogerla cuando llegásemos a casa, pero a las 19:50h han llamado para que la fueran a recoger, porque el forno cierra a las 20h. Y claro, como iban ellos (Angelina e Tonino) a saber que il forno cerrase tan pronto, aunque por otro lado es normal. Así que nada, Tonino ha tenido que bajar a recogerla, y al volver a casa, pues eso, no podía dejar que se enfriase, así que no le ha quedado otra que empezar sin nosotras. Pero bueno, Angelina nos dice que lo siente, y que le ha puesto un paño encima al cartón para que guarde el calor, y que, en resumen, espera que nos guste.


Cenamos viendo el show de los records (el del 2011), due ore da chiacchierare, e andiamo al letto a dormire.

A domani!

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