jueves, 20 de agosto de 2015

Día 19

Arriba a las 9:30h. Desayunamos, cacao milka con ciambellone yo, la mamma pizza con il caffè.





Angelina nos pregunta si queremos ir al centro, por si decimos que sí, no dejar irse a Tonino para que haga de autista/acompañante. Pero la mamma prefiere playa, quiere llegar negra a España.
Termino de desayunar, me pongo el bañador, y ponemos rumbo a la playa.


Hace viento. El día está un poco revuelto, aunque no parece que hoy vaya a llover. Aun así, no nos bañamos.





Me escribe Maria al móvil de la mamma, para ir esta tarde a fare un giro, sobre las 16:30h/17h. Me parece bien, le digo.
Oggi se encarga la mamma de ir a pedir el aperitivo. Uno antipasto. Due birre italiane, e pizza frita. Como una torta, pero salada, y de masa de pizza. Rica.



Volvemos a casa a las 13:30h, y nos espera listo para mangiare un delicioso risotto al gorgonzola.


A parte, tenemos el gorgonzola para untar en el pan. De este segundo modo no me gusta demasiado. Tiene mucho sabor para mi gusto, y eso que es el dulce... Pero lo que es en el risotto... mamma mia, buono no, ancora di più!


Tras la comida, un café, que como esta mañana no lo he tomado, tengo sueño.
Aun así, tras el café (con ciambellone di cioccolato), me echo un rato en la cama, y a pesar del café, me duermo.
Me avisa la mamma, que lee a mi lado, de que son las 16:10h.
Me levanto, y mi faccio la doccia. 16:30h. Me pongo con el ordenador, al menos hasta que llegue Maria.
A las 17:05h tocan el timbre. Yo decido cambiarme de pantalón en el último momento. Y mal hecho, porque me aprieta la tripa. Non sto scherzando, creo que estoy engordando.
Già sto. Sono pronta. Maria saluda a zia Angelina, y avisa alla mia mamma de que quizá lleguemos tarde, pero que avisaremos cuando sepamos que haremos. Va be', contesta la mia mamma.
No es por fardar, pero mi prima Maria, prima segunda para ser exactos, es (hasta el próximo 29 de Agosto) Miss Abruzzo. Y no lo digo por fardar, no no.
Bajamos por la escalera, que “para solo dos pisos es mejor”, y Maria me advierte que me hablará solo in italiano.
Salimos a la calle, y nos espera Nicola a la vuelta de la esquina con su mini descapotable. Maria me dice que vaya yo delante.
Lo primero que me dice Nicola, a parte de ciao, es que tengo un acento bonito. Y que hablo muy bien el italiano.
Hablamos un poco de todo. De lo que hacemos con nuestras vidas. Y me cuentan que tienen pensado llevarme a conocer San Benedetto, que si me parece bien. ¡Como si pudiese parecerme mal!
Pasamos por el Lungomare en coche, y me llama mucho la atención, por ejemplo, que en el lado izquierdo estén aparcados los coches, a su derecha el carril de los coches, a su derecha una hilera de “parking” de motos, luego el carril bici, una mediana, y el, digamos, paseo, por donde va la gente paseando.
Me enseñan un par de chalets construidos en la playa que por la noche son también discoteca. Una de jóvenes, en la que ha trabajado alguna vez Maria, y otra de no tan jóvenes.
Vemos el puerto de San Benedetto, más o menos, desde el coche. Uno de los puertos más importantes de Italia, como me dice Nicola.
Me encanta la importancia que le dan gli italiani a cada lugar específico de Italia. Cada palabra tiene su significado, y cada lugar, su tradición o su “algo” que lo hace especial.
San Benedetto es, también, el lugar europeo con más palmeras, llegando a conocerse, modestamente, como un piccolo Miami.
Me dicen Nicola e Maria que si conseguimos encontrar sitio, que no es imposible pero sí difícil, me lo enseñan mejor.
Y tenemos suerte, porque conseguimos aparcar más o menos en el centro gracias a que un'altra macchina se ne va. Al salir del coche, se nos acerca un chaval de unos 30 años, pidiendo dinero para el tren a Giulianova. Nicola le dice que no sabe si tiene, y mira a Maria. Maria rebusca en su bolso, y en vez de los 20 céntimos que pide el chico, le da 50. Cuando el chico en cuestión se ha ido, le dice a Nicola que por qué no le ha dicho que no. No sabe. ¿Y si le pincha las ruedas o le raya el coche?
Ponemos rumbo al puerto, aunque al llegar pensamos que mejor ver, ahora que aun hay luz, el centro de San Benedetto.
Antes de abandonar el puerto, nos encontramos a un amigo de Nicola, que me saluda con la mano (luego Nicola me dice que no le gusta la gente que saluda con la mano), se asombra al ver que Maria sabe spagnolo, y cuenta que se va con su acompañante (a la que no oímos decir ni una sola palabra) a su barco, del que no tiene “patente”, pero su padre y hermano sí. Que a ver cuando se la saca.
Ponemos, ahora sí, rumbo al centro, porque Maria tiene ganas de hacer un primer selfie, para usar su palo, tan de moda aquí ahora. Como si fuese cosa solo de Italia.
Llegamos a una fuente, ya dentro de la zona peatonal de San Benedetto, y nos hacemos una foto. Pero a Nicola le da vergüenza, y prefiere no salir y hacerla él, que dejar que Maria saque el palodeselfie.


Seguimos caminando, y llegamos al centro centro. Sé que es el centro centro porque está puesto en el suelo. También no hacemos una foto ahí, y también nos la hace Nicola.


He tenido que pedirles las fotos, porque no me he quedado con ninguna. Con la tontería de que están en su móvil...
Foto a la estatua del elefantito, que gusta mucho y nunca está libre.



Gelato de cookies e stracciatella africana.


Volvemos al coche, pero antes damos un paseo por los puestos que están enfrente de donde hemos aparcado. Veo que algunos se venden, así que les pregunto y, efectivamente, es un mercadillo permanente. Además, Maria me dice que los italianos venden y alquilan todo. Y no es la primera que me lo dice.


Pensábamos volver al puerto y luego ir a Pescara, pero es el último día de lo de la Caccia alle Streghe (caza de brujas), lo que querían haber ido a ver ayer, y decidimos que iremos a verlo, aunque no sepamos de qué se trata. Se tarda más de una hora en llegar, y ya es hora de cenar. Nicola y yo llevamos zapato cómodo y pantalón adecuado, además de que yo llevo conmigo una chaqueta, pensando que podría ser que llegase tarde a casa. Así que lo único que nos queda por hacer, es pasar por Alba Adriatica, a casa de Maria, para que se cambie de zapatos.
Antes damos un pequeño giro por la zona antigua de San Benedetto, viendo la torre del reloj, el lugar en el que estudió primer año de estética Maria éste último año, y una panorámica de San Benedetto.



Más y más selfies, todos en el iPhone de Nicola, esta vez sí, con el palo de selfie.








Ponemos rumbo a casa de Maria, y Nicola dice que esperamos abajo, que así Maria tardará menos en cambiarse los zapatos, pero luego se da cuenta de que necesita ir al baño, así que subimos los tres.
Nada más entrar, conozco al perro de Maria, Yo-yo (no sé si se escribe así). Salta, ladra, gruñe (un po), y da vueltas sobre sí mismo tras cada salto. Es muy gracioso.
Saludo a Maria Antonia e Dario, y les digo que no, que gracias, que no quiero beber ni comer nada.
Maria se cambia los zapatos por unos cerrados, y Nicola va al baño. Maria vuelve, y decide que también se cambiará la camiseta. Yo juego con Yo-yo a la pelota, mientras contesto a las preguntas de Maria Antonia. Yo-yo solo quiere jugar. Parece que me va cogiendo confianza, pero no quiere caricias, quiere alguien que le haga de rabiar con la pelota. Lo mismo que Pipo.
Maria è pronta, y Nicola recibe una llamada. Es de trabajo, tiene que contestar.
Cuando termina de hablar, él y Maria beben agua. Yo estoy servida, gracias. Y nos vamos.
Salen Maria Antonia e Yo-yo a la puerta a despedirnos, éste último, en un último intento de que me quede un ratito más jugando con él, me lanza la pelota. No cuela tío, me tengo que ir.
-¿Qué queréis comer?
-Algo rápido. Y ligero.
-McDonalds?
-Barbara, ti piace McDonalds?
-Sí, mi piace. Per me è uguale, dove volete voi.
-Dai, aiuta per decidere. Pizza?
-Ok, pizza va be'. Sono venuta in Italia per mangiare cose italiane.
-Ok, pizza. Aspeta. Tipico del Abruzzo sono i arrosticini.
No los he probado, así que va be', vayamos a probarlos.
Conocen el sitio perfecto, porque aunque es un poco... cutre, cocinan genial. Va be', andiamo.
Via A. Moro, 107, Martinsicuro. Encontramos sitio en la puerta del bar. Ni que Nicola conociera a Tobalillo.
Nos sentamos en una mesa, nos cambian a una un poco más alejada porque tienen una reserva grande, y pedimos.
30 arrosticini (10 para cada uno), bruschetta con salse (de olivas negras, picante, alcachofa, y trufa), una ración de patate fritte, y de beber, due birre a la spina piccole, e un'altra mediana.





Pedimos también Glassa, y nos traen la que es all'aceto balsamico di Modena e alle fragole, aunque existen mil tipos más.


Si bien es cierto que lo han intentado, el sitio es más bien cutrecillo. Lo que no quiera decir que a mí no me guste. Las pareces están pintadas en colores vivos, y un par de ellas tienen un vinilo un poco pixelado con collages de fotos de New York, Londres, bicicletas, motos, banderas, guitarras. Muchas cosas en poco espacio. Las mesas son de las grises plegables, con un cartón pluma impreso enganchado con cuatro tornillos a modo de mantel.
Aun así, como lo que verdaderamente importa en Italia è il cibo (los alimentos), se puede decir que es un sitio de diez, porque está todo rico.
No pedimos postre ni café, pagamos y nos vamos. Nicola dice que el prefiere el café del autogrill, en la autostrada. Que a veces, cuando pasa de la 1, si paras y dices sutilmente que tienes sueño, te lo dan gratis.
Entramos en el mini, y Nicola me pide disculpas de antemano, porque su coche va a ir a trompicones un rato. Dice que luego se le pasa. El mini tiene la opción de ir a gas, pero le cuesta un poco cogerlo.
Nada, por “poblado” no funciona, tendremos que esperar a llegar a la autostrada. Me dice que, efectivamente, a veces solo le funciona a gas cuando va a gran velocidad.
Llegamos a la autostrada y es cierto, tres o cuatro segundos de acelera frena acelera frena, y listo, gas metido.
Resulta que el mini, a gasolina, consume muchísimo. Estamos ya secos, y cuando pasaron a recogerme a Giulianova, tenían el depósito a la mitad. Y no hemos hecho nada, en cuanto a km se refiere.
Nicola me cuenta que poner el mini a punto le costó 2000€, como si hubiera cogido otro coche. Pero bueno, tiene el coche que le gusta, porque sí, le pregunto y me dice que es suyo.
Maria nos cuenta que ella debería sacarse la patente, pero que no sabe si lo conseguirá porque es difícil. También me cuenta que aquí en Italia tienes que estar un año, cuando te has sacado el carnet, con un coche hasta cierta cilindrada, antes de poder coger cualquier coche que se te antoje. Que yo sepa eso en España no ocurre, así que le animo, poco más o menos, a que intente sacárselo allí. El problema es que ya ha pagado 400€ aquí, así que, se teme, que ya se lo saca aquí.
Una hora de autostrada, y al salir, la cajera no deja a Nicola que saque el tiquet para cobrárselo a su trabajo. Bueno, son 2,40€, no es para tanto. Entre Maria y yo, lo pagamos. ¡Por fin me dejan pagar algo! (30 céntimos, ya ves tú...).
El gps (“yipi-és”) nos dice que nos quedan 9 minutos para llegar. Que llegaremos a las 22:25h.
Lo que no nos dice es que esos 9 minutos serán por carreteras estrechas, con barrancos a uno u otro lado, curvas extracerradas, de esas en las que tienes que ir a -10km/h y esperar que no venga nadie de frente (que vienen). Tras 20 minutos de negrura, solo quedan 5 minutos para llegar.
Llevamos la música a todo volumen, y de pronto Nicola pregunta si, por casualidad, sabemos si en ésta carretera tan transitada y bien comunicada hay una gasolinera. Maria apaga la música. ¿Qué? Que no cunda el pánico. Está todo oscuro, pero una al menos tiene que haber.
Seguimos durante 10 minutos (5 para llegar) sin ver ni luz ni coches. Los diez peores minutos para Nicola, que está nervioso. Nadie habla. Mejor no pensar en tener que empujar el coche por estas “carreteras”.
Otros diez minutos, y llegamos a un pueblo, a la luz, la civilización, aunque aun nadie dice nada.
Nicola pregunta, y nos dicen que hay que subir por no sé dónde, y la veremos a la izquierda. Nicola sube, y sube, y sube, pero no vemos nada. Además, ya ni siquiera el gas funciona. Y no porque vaya lento, si no porque está seco. Nicola vuelve a preguntar, y nos señalan la gasolinera. Está justo detrás de nosotros.
Nicola respira aliviado. Echa gasolina, y da el visto bueno a Maria para poner música. Estamos de nuevo contentos. Se seca el sudor frío, y continuamos el camino.
Llegamos a Castiglioni, donde se baja Nicola a preguntar a un bar. Vuelve al coche, y nos cuenta que primero le han mirado raro, como si estuviese loco. “¿La caza de la bruja?”. Luego un buen señor le ha contestado. Resulta que nos hemos pasado. Hemos girado mal, era antes. En Apignano, Teramo. A unos 5 minutos.
Probamos, y tras salidas que ya no existen aunque el gps diga que sí (como aquella vez en Asturias), o calles literalmente cortadas (que señalizan solamente con media valla por si te apetece entrar a cotillear, aunque luego tengas que dar media vuelta), llegamos a Apignano. Han sido solo 5 minutos.


Por fin luces, por fin civilización, por fin coches. ¡Y cuántos coches! Preguntamos por qué hay tanto coche, y el de seguridad nos contesta con un “a ver cómo te lo explico...”. Entonces, Maria le dice que si es por lo de la caza de la bruja, y nos dice que le ha quitado las palabras de la boca. Vamos, que no quiere ser como a Nicola, y que le tomen por loco.
Por el camino Maria nos ha estado enseñando fotos del evento al que vamos, y no sabemos si hemos hecho bien o no en venir. Al menos el trayecto ha sido divertido. Digamos que, por las fotos, parece una fiesta de disfraces de esas de Halloween.
Antes de nada, paramos a por un café. Total, no son ni las 22:45h, así que tenemos 15 minutos, ya que sabemos que efectivamente, hemos llegado.


Aviso a la mamma de todos los cambios, ya que en principio pensábamos venir a la sesión de las 21h, pero como hemos estado demasiado en casa de Maria, no nos ha dado tiempo. Pensamos si no en llegar a las 22h, pero con la tontería de cenar arrosticini en lugar de algo rápido, se nos ha hecho tarde. La mamma me dice que le parece muy bien, que avise cuando salga y cuando llegue, para que ella abra sin que tenga yo que llamar al timbre.
Tras el café, vamos a por la entrada. Cuesta 5€ por persona, y nos dan un colgante de piel que deberemos llevar colgado. Ah, y el pase comienza a las 23:30h, no a las 23h. Ok.
Nos sentamos en la zona de comidas, tras pedir permiso, ahora que no hay nadie.


Un par de fotos, tres o cuatro más, y volvemos a donde hemos comprado las entradas, para hacer la cola, con el colgante al cuello.





Se trata de una especie de obra de teatro en vivo, por las calles de la parte más alta de Apignano. Personas del pueblo, disfrazadas de la época de Don Quijote, o de brujas, cuentan como éste primero, y su fiel escudero Sancho Panza (que habla en dialecto así que no se le entiende nah de nah), llegan a Apignano, donde Don Quijote es armado caballero por un par de brujas.
Está claro que me pierdo un poco en la historia, porque, sin saber cómo, Don Quijote ya no está, y ahora es otro caballero que se hace pasar por él el que va al encuentro de Dulcinea, pero habiéndola engañado con una bruja. Una cosa muy extraña que nos cuentan por las calles del pueblo, con niñas de Apignano disfrazadas de brujas riendo de manera escalofriante, y gritando de vez en cuando para intentar asustarnos (más de un niño y más de dos lloran durante el espectáculo).
En la escena final juzgan a la bruja con la que el supuesto Don Quijote engañó a Dulcinea, y le cortan la cabeza.


Os ha quedado claro, ¿no? Pues a mí tampoco.
Cuando se acaba la función, volvemos al coche. No hay comentarios. Excepto un resumen más o menos parecido al que os he contado ahí arriba que me hace Maria, porque lo que es yo, no había entendido absolutamente nada. No era lo que esperábamos, y quizá el tiempo que se tarda en venir no ha merecido la pena, pero lo que es el trayecto, con sus contras y sin sus pros, ha estado entretenido. Digamos que las curvas, con la tierra a los lados que parece que no existe, los precipicios, las calles cortadas, los caminos que existen pero no, y como única luz los faros del mini, han hecho que sea lo más parecido a una caza de brujas que podíamos ver.
Son las 24:37h, y Nicola necesita el gps para encontrar, por lo menos, la entrada a la autostrada. Así que espero a que lleguemos a ella para hablar con la mamma. Pero lo siguiente que recuerdo es llegar a la salida de la autostrada, porque Maria y yo teníamos permiso para dormirnos, y así hemos hecho. Estamos a 10 minutos de Giulianova, así que ya espero a llegar allí para escribir a la mamma por whatsapp. Me vuelvo a dormir, y al despertar ya estamos. Nicola me deja que escriba a la mia mamma, que me responde casi en seguida a pesar de no haberle avisado con tiempo, y me dice que me despide él de Maria, que aun duerme. Nos vemos el domingo para ir al cine, me dice.
Entro, me abre la mamma, que justo se acababa de dormir pero con el móvil en la mano, así que no ha tardado en despertarse, y le cuento un poco por encima (y por debajo, que quien me conoce, o me lee, sabe lo bien que se me da a mí resumir) lo que hemos hecho, y cojo sueño giocando un rato con il telefonino.

Ahora sí, a domani!

1 comentario: