Arriba a las 9:30h. Desayunamos, cacao
milka con ciambellone yo, la mamma pizza con il caffè.
Angelina nos pregunta si
queremos ir al centro, por si decimos que sí, no dejar irse a Tonino
para que haga de autista/acompañante. Pero la mamma
prefiere playa, quiere llegar negra a España.
Termino de desayunar, me pongo el
bañador, y ponemos rumbo a la playa.
Hace viento. El día está un poco
revuelto, aunque no parece que hoy vaya a llover. Aun así, no nos
bañamos.
Me escribe Maria al móvil de la
mamma, para ir esta tarde a fare un giro, sobre las
16:30h/17h. Me parece bien, le digo.
Oggi
se encarga la mamma de
ir a pedir el aperitivo. Uno antipasto.
Due birre italiane, e pizza frita.
Como una torta, pero salada, y de masa de pizza.
Rica.
Volvemos a casa a las 13:30h, y nos
espera listo para mangiare un delicioso risotto al
gorgonzola.
A parte, tenemos el gorgonzola
para untar en el pan. De este segundo modo no me gusta demasiado.
Tiene mucho sabor para mi gusto, y eso que es el dulce... Pero lo que
es en el risotto... mamma mia, buono no, ancora di più!
Tras la comida, un café, que como esta
mañana no lo he tomado, tengo sueño.
Aun así, tras el café (con
ciambellone di cioccolato), me echo un rato en la cama, y a pesar
del café, me duermo.
Me avisa la mamma, que lee a mi
lado, de que son las 16:10h.
Me levanto, y mi faccio la doccia.
16:30h. Me pongo con el ordenador, al menos hasta que llegue Maria.
A las 17:05h tocan el timbre. Yo decido
cambiarme de pantalón en el último momento. Y mal hecho, porque me
aprieta la tripa. Non sto scherzando, creo que estoy
engordando.
Già sto. Sono pronta.
Maria saluda a zia Angelina, y avisa alla mia mamma
de que quizá lleguemos tarde, pero que avisaremos cuando sepamos que
haremos. Va be', contesta la mia mamma.
No es por fardar, pero mi prima Maria, prima segunda para ser exactos, es (hasta el próximo 29 de Agosto) Miss Abruzzo. Y no lo digo por fardar, no no.
No es por fardar, pero mi prima Maria, prima segunda para ser exactos, es (hasta el próximo 29 de Agosto) Miss Abruzzo. Y no lo digo por fardar, no no.
Bajamos por la escalera, que “para
solo dos pisos es mejor”, y Maria me advierte que me hablará
solo in italiano.
Salimos a la calle, y nos espera Nicola
a la vuelta de la esquina con su mini descapotable. Maria me
dice que vaya yo delante.
Lo primero que me dice Nicola, a
parte de ciao, es que tengo un acento bonito. Y que hablo muy
bien el italiano.
Hablamos un poco de todo. De lo que
hacemos con nuestras vidas. Y me cuentan que tienen pensado llevarme
a conocer San Benedetto, que si me parece bien. ¡Como si
pudiese parecerme mal!
Pasamos por el Lungomare en
coche, y me llama mucho la atención, por ejemplo, que en el lado
izquierdo estén aparcados los coches, a su derecha el carril de los
coches, a su derecha una hilera de “parking” de motos, luego el
carril bici, una mediana, y el, digamos, paseo, por donde va la gente
paseando.
Me enseñan un par de chalets
construidos en la playa que por la noche son también discoteca. Una
de jóvenes, en la que ha trabajado alguna vez Maria,
y otra de no tan jóvenes.
Vemos el puerto de San Benedetto,
más o menos, desde el coche. Uno de los puertos más importantes de
Italia, como me dice Nicola.
Me encanta la importancia que le dan
gli italiani a cada lugar específico de Italia. Cada
palabra tiene su significado, y cada lugar, su tradición o su “algo”
que lo hace especial.
San Benedetto es, también, el
lugar europeo con más palmeras, llegando a conocerse, modestamente,
como un piccolo Miami.
Me dicen Nicola e Maria que si
conseguimos encontrar sitio, que no es imposible pero sí difícil,
me lo enseñan mejor.
Y tenemos suerte, porque conseguimos
aparcar más o menos en el centro gracias a que un'altra macchina
se ne va. Al salir del coche, se nos acerca un chaval de unos 30
años, pidiendo dinero para el tren a Giulianova. Nicola
le dice que no sabe si tiene, y mira a Maria. Maria
rebusca en su bolso, y en vez de los 20 céntimos que pide el chico,
le da 50. Cuando el chico en cuestión se ha ido, le dice a Nicola
que por qué no le ha dicho que no. No sabe. ¿Y si le pincha las
ruedas o le raya el coche?
Ponemos rumbo al puerto, aunque al
llegar pensamos que mejor ver, ahora que aun hay luz, el centro de
San Benedetto.
Antes de abandonar el puerto, nos
encontramos a un amigo de Nicola, que me saluda con la mano
(luego Nicola me dice que no le gusta la gente que saluda con
la mano), se asombra al ver que Maria sabe spagnolo, y
cuenta que se va con su acompañante (a la que no oímos decir ni una
sola palabra) a su barco, del que no tiene “patente”, pero
su padre y hermano sí. Que a ver cuando se la saca.
Ponemos, ahora sí, rumbo al centro,
porque Maria tiene ganas de hacer un primer selfie, para usar
su palo, tan de moda aquí ahora. Como si fuese cosa solo de Italia.
Llegamos a una fuente, ya dentro de la
zona peatonal de San Benedetto, y nos hacemos una foto. Pero a
Nicola le da vergüenza, y prefiere no salir y hacerla él,
que dejar que Maria saque el palodeselfie.
Seguimos caminando, y llegamos al
centro centro. Sé que es el centro centro porque está puesto en el
suelo. También no hacemos una foto ahí, y también nos la hace
Nicola.
He tenido que pedirles las fotos,
porque no me he quedado con ninguna. Con la tontería de que están
en su móvil...
Foto a la estatua del elefantito, que
gusta mucho y nunca está libre.
Gelato de cookies e stracciatella
africana.
Volvemos al coche, pero antes damos un
paseo por los puestos que están enfrente de donde hemos aparcado.
Veo que algunos se venden, así que les pregunto y, efectivamente, es
un mercadillo permanente. Además, Maria me dice que los
italianos venden y alquilan todo. Y no es la primera que me lo dice.
Pensábamos volver al puerto y luego ir
a Pescara, pero es el último día de lo de la Caccia alle
Streghe (caza de brujas),
lo que querían haber ido a ver ayer, y decidimos que iremos a verlo,
aunque no sepamos de qué se trata. Se tarda más de una hora en
llegar, y ya es hora de cenar. Nicola y yo llevamos zapato
cómodo y pantalón adecuado, además de que yo llevo conmigo una
chaqueta, pensando que podría ser que llegase tarde a casa. Así que
lo único que nos queda por hacer, es pasar por Alba Adriatica,
a casa de Maria, para que se cambie de zapatos.
Antes damos un pequeño giro por la
zona antigua de San Benedetto, viendo la torre del reloj, el
lugar en el que estudió primer año de estética Maria éste
último año, y una panorámica de San Benedetto.
Más y más
selfies, todos en el iPhone de Nicola,
esta vez sí, con el palo de selfie.
Ponemos rumbo a casa de Maria, y
Nicola dice que esperamos abajo, que así Maria tardará
menos en cambiarse los zapatos, pero luego se da cuenta de que
necesita ir al baño, así que subimos los tres.
Nada más entrar, conozco al perro de
Maria, Yo-yo (no sé si se escribe así). Salta, ladra,
gruñe (un po), y da vueltas sobre sí mismo tras cada salto.
Es muy gracioso.
Saludo a Maria Antonia e
Dario, y les digo que no, que gracias, que no quiero beber ni
comer nada.
Maria se cambia los zapatos por
unos cerrados, y Nicola va al baño. Maria vuelve, y
decide que también se cambiará la camiseta. Yo juego con Yo-yo a
la pelota, mientras contesto a las preguntas de Maria Antonia.
Yo-yo solo quiere jugar. Parece que me va cogiendo confianza,
pero no quiere caricias, quiere alguien que le haga de rabiar con la
pelota. Lo mismo que Pipo.
Maria è pronta, y Nicola
recibe una llamada. Es de trabajo, tiene que contestar.
Cuando termina de hablar, él y Maria
beben agua. Yo estoy servida, gracias. Y nos vamos.
Salen Maria Antonia e Yo-yo a la
puerta a despedirnos, éste último, en un último intento de que me
quede un ratito más jugando con él, me lanza la pelota. No cuela
tío, me tengo que ir.
-¿Qué queréis comer?
-Algo rápido. Y ligero.
-McDonalds?
-Barbara, ti piace McDonalds?
-Sí, mi piace. Per me è
uguale, dove volete voi.
-Dai, aiuta per decidere. Pizza?
-Ok, pizza va be'. Sono venuta in
Italia per mangiare cose italiane.
-Ok, pizza. Aspeta. Tipico del
Abruzzo sono i arrosticini.
No los he probado, así que va be',
vayamos a probarlos.
Conocen el sitio perfecto, porque
aunque es un poco... cutre, cocinan genial. Va be', andiamo.
Via A. Moro, 107, Martinsicuro.
Encontramos sitio en la puerta del bar. Ni que Nicola conociera
a Tobalillo.
Nos sentamos en una mesa, nos cambian a
una un poco más alejada porque tienen una reserva grande, y pedimos.
30 arrosticini (10 para cada
uno), bruschetta con salse (de olivas negras, picante,
alcachofa, y trufa), una ración de patate fritte, y de
beber, due birre a la spina piccole, e un'altra mediana.
Pedimos también Glassa, y nos
traen la que es all'aceto balsamico di Modena e alle fragole,
aunque existen mil tipos más.
Si bien es cierto que lo han intentado,
el sitio es más bien cutrecillo. Lo que no quiera decir que a mí no
me guste. Las pareces están pintadas en colores vivos, y un par de
ellas tienen un vinilo un poco pixelado con collages de fotos de New
York, Londres, bicicletas, motos, banderas, guitarras. Muchas cosas
en poco espacio. Las mesas son de las grises plegables, con un cartón
pluma impreso enganchado con cuatro tornillos a modo de mantel.
Aun así, como lo que verdaderamente
importa en Italia è il cibo (los alimentos), se
puede decir que es un sitio de diez, porque está todo rico.
No pedimos postre ni café, pagamos y
nos vamos. Nicola dice que el prefiere el café del autogrill,
en la autostrada. Que a veces, cuando pasa de la 1, si paras y
dices sutilmente que tienes sueño, te lo dan gratis.
Entramos en el mini, y Nicola me
pide disculpas de antemano, porque su coche va a ir a trompicones un
rato. Dice que luego se le pasa. El mini tiene la opción de ir a
gas, pero le cuesta un poco cogerlo.
Nada, por “poblado” no funciona,
tendremos que esperar a llegar a la autostrada. Me dice que,
efectivamente, a veces solo le funciona a gas cuando va a gran
velocidad.
Llegamos a la autostrada y es
cierto, tres o cuatro segundos de acelera frena acelera frena, y
listo, gas metido.
Resulta que el mini, a gasolina,
consume muchísimo. Estamos ya secos, y cuando pasaron a recogerme a
Giulianova, tenían el depósito a la mitad. Y no hemos hecho
nada, en cuanto a km se refiere.
Nicola me cuenta que poner el
mini a punto le costó 2000€, como si hubiera cogido otro coche.
Pero bueno, tiene el coche que le gusta, porque sí, le pregunto y me
dice que es suyo.
Maria nos cuenta que ella
debería sacarse la patente, pero que no sabe si lo conseguirá
porque es difícil. También me cuenta que aquí en Italia
tienes que estar un año, cuando te has sacado el carnet, con un
coche hasta cierta cilindrada, antes de poder coger cualquier coche
que se te antoje. Que yo sepa eso en España no ocurre, así que le
animo, poco más o menos, a que intente sacárselo allí. El problema
es que ya ha pagado 400€ aquí, así que, se teme, que ya se lo
saca aquí.
Una hora de autostrada, y al
salir, la cajera no deja a Nicola que saque el tiquet para
cobrárselo a su trabajo. Bueno, son 2,40€, no es para tanto. Entre
Maria y yo, lo pagamos. ¡Por fin me dejan pagar algo! (30
céntimos, ya ves tú...).
El gps (“yipi-és”) nos dice
que nos quedan 9 minutos para llegar. Que llegaremos a las 22:25h.
Lo que no nos dice es que esos 9
minutos serán por carreteras estrechas, con barrancos a uno u otro
lado, curvas extracerradas, de esas en las que tienes que ir a
-10km/h y esperar que no venga nadie de frente (que vienen). Tras 20
minutos de negrura, solo quedan 5 minutos para llegar.
Llevamos la música a todo volumen, y
de pronto Nicola pregunta si, por casualidad, sabemos si en
ésta carretera tan transitada y bien comunicada hay una gasolinera.
Maria apaga la música. ¿Qué? Que no cunda el pánico. Está
todo oscuro, pero una al menos tiene que haber.
Seguimos durante 10 minutos (5 para
llegar) sin ver ni luz ni coches. Los diez peores minutos para
Nicola, que está nervioso. Nadie habla. Mejor no pensar en
tener que empujar el coche por estas “carreteras”.
Otros diez minutos, y llegamos a un
pueblo, a la luz, la civilización, aunque aun nadie dice nada.
Nicola pregunta, y nos dicen que
hay que subir por no sé dónde, y la veremos a la izquierda. Nicola
sube, y sube, y sube, pero no vemos nada. Además, ya ni siquiera el
gas funciona. Y no porque vaya lento, si no porque está seco. Nicola
vuelve a preguntar, y nos señalan la gasolinera. Está justo detrás
de nosotros.
Nicola respira aliviado. Echa
gasolina, y da el visto bueno a Maria para poner música.
Estamos de nuevo contentos. Se seca el sudor frío, y continuamos el
camino.
Llegamos a Castiglioni, donde se
baja Nicola a preguntar a un bar. Vuelve al coche, y nos
cuenta que primero le han mirado raro, como si estuviese loco. “¿La
caza de la bruja?”. Luego un buen señor le ha contestado. Resulta
que nos hemos pasado. Hemos girado mal, era antes. En Apignano,
Teramo. A unos 5 minutos.
Probamos, y tras salidas que ya no
existen aunque el gps diga que sí (como aquella vez en
Asturias), o calles literalmente cortadas (que señalizan solamente
con media valla por si te apetece entrar a cotillear, aunque luego
tengas que dar media vuelta), llegamos a Apignano. Han sido
solo 5 minutos.
Por fin luces, por fin civilización,
por fin coches. ¡Y cuántos coches! Preguntamos por qué hay tanto
coche, y el de seguridad nos contesta con un “a ver cómo te lo
explico...”. Entonces, Maria le dice que si es por lo de la
caza de la bruja, y nos dice que le ha quitado las palabras de la
boca. Vamos, que no quiere ser como a Nicola, y que le tomen
por loco.
Por el camino Maria nos ha estado enseñando fotos del evento al que vamos, y no sabemos si hemos hecho bien o no en venir. Al menos el trayecto ha sido divertido. Digamos que, por las fotos, parece una fiesta de disfraces de esas de Halloween.
Por el camino Maria nos ha estado enseñando fotos del evento al que vamos, y no sabemos si hemos hecho bien o no en venir. Al menos el trayecto ha sido divertido. Digamos que, por las fotos, parece una fiesta de disfraces de esas de Halloween.
Antes de nada, paramos a por un café.
Total, no son ni las 22:45h, así que tenemos 15 minutos, ya que
sabemos que efectivamente, hemos llegado.
Aviso a la mamma de todos los
cambios, ya que en principio pensábamos venir a la sesión de las
21h, pero como hemos estado demasiado en casa de Maria, no nos
ha dado tiempo. Pensamos si no en llegar a las 22h, pero con la
tontería de cenar arrosticini en lugar de algo rápido, se
nos ha hecho tarde. La mamma me dice que le parece muy bien,
que avise cuando salga y cuando llegue, para que ella abra sin que
tenga yo que llamar al timbre.
Tras el café, vamos a por la entrada.
Cuesta 5€ por persona, y nos dan un colgante de piel que deberemos
llevar colgado. Ah, y el pase comienza a las 23:30h, no a las 23h.
Ok.
Nos sentamos en la zona de comidas,
tras pedir permiso, ahora que no hay nadie.
Un par de fotos, tres o cuatro más, y
volvemos a donde hemos comprado las entradas, para hacer la cola, con
el colgante al cuello.
Se trata de una especie de obra de
teatro en vivo, por las calles de la parte más alta de Apignano.
Personas del pueblo, disfrazadas de la época de Don Quijote, o de
brujas, cuentan como éste primero, y su fiel escudero Sancho Panza
(que habla en dialecto así que no se le entiende nah de nah),
llegan a Apignano, donde Don Quijote es armado caballero por
un par de brujas.
Está claro que me pierdo un poco en la
historia, porque, sin saber cómo, Don Quijote ya no está, y ahora
es otro caballero que se hace pasar por él el que va al encuentro de
Dulcinea, pero habiéndola engañado con una bruja. Una cosa muy
extraña que nos cuentan por las calles del pueblo, con niñas de
Apignano disfrazadas de brujas riendo de manera escalofriante,
y gritando de vez en cuando para intentar asustarnos (más de un niño
y más de dos lloran durante el espectáculo).
En la escena final juzgan a la bruja
con la que el supuesto Don Quijote engañó a Dulcinea, y le cortan
la cabeza.
Os ha quedado claro, ¿no? Pues a mí
tampoco.
Cuando se acaba la función, volvemos
al coche. No hay comentarios. Excepto un resumen más o menos
parecido al que os he contado ahí arriba que me hace Maria,
porque lo que es yo, no había entendido absolutamente nada. No era
lo que esperábamos, y quizá el tiempo que se tarda en venir no ha
merecido la pena, pero lo que es el trayecto, con sus contras y sin
sus pros, ha estado entretenido. Digamos que las curvas, con la
tierra a los lados que parece que no existe, los precipicios, las
calles cortadas, los caminos que existen pero no, y como única luz
los faros del mini, han hecho que sea lo más parecido a una caza de
brujas que podíamos ver.
Son las 24:37h, y Nicola
necesita el gps para encontrar, por lo menos, la entrada a la
autostrada. Así que espero a que lleguemos a ella para hablar
con la mamma. Pero lo siguiente que recuerdo es llegar a la
salida de la autostrada, porque Maria y yo teníamos
permiso para dormirnos, y así hemos hecho. Estamos a 10 minutos de
Giulianova, así que ya espero a llegar allí para escribir a
la mamma por whatsapp. Me vuelvo a dormir, y al despertar ya
estamos. Nicola me deja que escriba a la mia mamma, que
me responde casi en seguida a pesar de no haberle avisado con tiempo,
y me dice que me despide él de Maria, que aun duerme. Nos
vemos el domingo para ir al cine, me dice.
Entro, me abre la mamma, que
justo se acababa de dormir pero con el móvil en la mano, así que no
ha tardado en despertarse, y le cuento un poco por encima (y por
debajo, que quien me conoce, o me lee, sabe lo bien que se me da a mí
resumir) lo que hemos hecho, y cojo sueño giocando un rato
con il telefonino.
Ahora sí, a domani!










































Menudas aventuras os montáis!
ResponderEliminar