jueves, 27 de agosto de 2015

Día 26

Hoy arriba antes que ayer, pero algo más tarde que antes de ayer. A las 9:20h. Día de mercado.
Desayuno milka con i biscotti. 4, para ser exactos.



Nos ponemos ropa de playa, y cogemos las toallas pero, antes de pensar en sole y mare, pensamos en qué comprar en el famoso mercado de los jueves (como en Moral).
Bajamos al garaje, nos subimos a las bicis, y rumbo al mercado.
Empieza justo en el cruce de antes de la caseta de bicis.
Candamos las bicicletas en el primer puesto que encontramos (véase la única señal/farola que quedaba libre, sin bicis enganchadas).
Entramos en el mercado y lo recorremos en los dos sentidos.



Vemos mucho, pero no vemos nada.



A mí solo me gusta lo de siempre. Los puestos de camisetas con frases, que hay dos, y son iguales (de la misma marca), y los puestos de “objetos varios”, esos puestos en los que nunca compro nada pero siempre descubro que hay algo que aun no tengo.
Corta uñas, candados, adaptadores, destornilladores, pajitas, sábanas bajeras, espumaderas, esponjas, tapones de lavabo. Lo dicho, de todo un poco.



De vuelta a las bicis, cruzando los dedos para que no nos hayan puesto mil bicis encima, y cruzamos legalmente a la acera de enfrente, a nuestra yogurteria-gelateria a tomarnos la mamma e io un caffè e una birra, respectivamente.


¿Qué tipo? … ¿Cómo? Ay, scusa. La camarera me dice cuatro palabras que no entiendo, así que, como al chico de rizos del Spinnaker, le digo que “la que sea, pero italiana”.
Va bene, tenemos de la marca Peroncino, me dice entusiasmada.
¡Perfecto, Peroncino entonces!


Antes de irse, me pregunta si tengo 18 años.
Sí, tengo 23, le contesto.
Vaya, aparentas muchos menos. Lo siento, es que tengo que preguntar.
No pasa nada, lo entiendo.
La misma historia de siempre. Sí, soy mayor de lo que parezco. Mucho mayor. Como 7 años mayor.
Esta vez invita y paga la mamma, pidiendo il conto en la mesa.
Cogemos la bici, y ahora sí que sí, vamos a la spiaggia.


Candamos las bicis donde podemos, ya que está el parking del Spinnaker lleno, y antes de tumbarnos a la Bartola, la mamma pide una bottiglia d'acqua.


Facciamo il bagno, anda, che fa caldo.
Va bene, un bañito. Pero esta vez pequeño.
Un rato de sol (la mamma, claro. Io continuo nella mia ombra), y aparece una mariquita.


Ritorniamo a casa, andiamo, che ho fame.
Hoy tenemos pasta casera con tomate y queso.


Tonino toma la del otro día, con albondiguitas, recalentada en la sartén, ya que aquí no hay microondas, que dice que le gusta más, perché è più saporito così.


Dopo di mangiare, arriva il caffè.


Escribo, subo una entrada más, y salimos a dar un paseo. Con la bici, claro.
Llegamos a Globo, tienda de zapatos y bolsos, que ahora vende de todo. Vamos en busca de unos pantalones cortos de deporte, a poder ser algo holgados. Sí, de esos que se llevan ahora. Al menos en España. ¿Que por qué quiero comprar pantalones? Bueno. Lleva unos días doliéndome la tripa a todas horas, y solo se me pasa cuando me pongo el pijama. Hemos descartado que sean gases o que algo me haya sentado mal. Así que sí, he caído algo tarde, pero me duele la tripa porque me aprieta el pantalón. Lo imposible a llegado. No mucho, pero la pelirroja ha engordado. Yo, doña “si me giro un poco, desaparezco”. Ecco!
No encuentro ningún pantalón que me guste, solo de baloncesto, pero de esos ya tengo en casa y luego no los uso.
Así que nada, seguiré con mi problema con i pantaloni. Eso sí, me compro una sudadera. Nada cantosa, poco colorida.


Después de Globo, continuamos con la bici hasta el puerto. Poco que decir que no haya dicho ya. Hoy lo que vemos es aún más bonito: el atardecer desde el puerto.








También con las gafas de sol como filtro, que es aun mejor.





Volvemos a casa, y como la calle está cortada por lo de la Sagra della Vongola, organizada por la Iglesia (la otra iglesia de Giulianova. La que tiene la acera de su propiedad), intentamos coger un camino alternativo, pero no está señalizado (ni bien ni mal, non c'è), así que no es fácil. De hecho, acabamos en la calle de la iglesia por ese “camino alternativo”.
Además como somos bicis, y ésta tiene menos éxito que La Sagra delle Sagre, podemos pasar.
Al llegar a casa, Tonino nos dice que aunque esté cortado, pueden pasar tanto bicis como peatones. Que está cortado para le macchine.
Me voy a la terraza, como de costumbre, y escribo. Y subo una entrada más. Y edito las fotos para subir más entradas luego.


Me llaman a cenar. La mesa está puesta, y para cenar tenemos nuestra propia Sagra, pero soltanto di alici (boquerones).





No recordaba cuánto echaba de menos la ensañada de lechuga.



Tras la cena, más scrivere, más retocar fotos, y más subir entradas.
Cuando acabo de subirlas, porque no tengo pasado a word más contenido, que si no seguía, voy a la cocina.
A la vez que entro, sale la mamma. Angelina ha preparado chocolate caliente, y sale para ver si quiero un poco*.
*Querer un poco: significa que tienes que tomarlo, sí o sí, porque lo ha hecho especialmente para ti, porque sabe que te gusta el chocolate.
Aprovecho que ya de por sí iba a entrar para hacerlo diciendo que es el chocolate quien me llama, y consigo así sacarle una sonrisa a Angelina. Que no es difícil, he de decir.


El chocolate está muy rico, pero è troppo pesante.
Al terminar, andiamo a dormire. Vamos por la terraza y así cojo el portátil.
Intento escribir un po, pero ho sonno. Así que nada, domani tratto di aggiornarmi.

A domani!

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