Hoy arriba antes
que ayer, pero algo más tarde que antes de ayer. A las 9:20h. Día
de mercado.
Desayuno milka
con i biscotti. 4, para ser exactos.
Nos ponemos ropa de
playa, y cogemos las toallas pero, antes de pensar en sole y
mare, pensamos en qué comprar en el famoso mercado de los jueves
(como en Moral).
Bajamos al garaje,
nos subimos a las bicis, y rumbo al mercado.
Empieza justo en el
cruce de antes de la caseta de bicis.
Candamos las
bicicletas en el primer puesto que encontramos (véase la única
señal/farola que quedaba libre, sin bicis enganchadas).
Entramos en el
mercado y lo recorremos en los dos sentidos.
Vemos mucho, pero
no vemos nada.
A mí solo me gusta
lo de siempre. Los puestos de camisetas con frases, que hay dos, y
son iguales (de la misma marca), y los puestos de “objetos varios”,
esos puestos en los que nunca compro nada pero siempre descubro que
hay algo que aun no tengo.
Corta uñas,
candados, adaptadores, destornilladores, pajitas, sábanas bajeras,
espumaderas, esponjas, tapones de lavabo. Lo dicho, de todo un poco.
De vuelta a las
bicis, cruzando los dedos para que no nos hayan puesto mil bicis
encima, y cruzamos legalmente a la acera de enfrente, a nuestra
yogurteria-gelateria a tomarnos la mamma e io un caffè e una
birra, respectivamente.
¿Qué tipo? …
¿Cómo? Ay, scusa. La camarera me dice cuatro palabras que no
entiendo, así que, como al chico de rizos del Spinnaker, le
digo que “la que sea, pero italiana”.
Va bene,
tenemos de la marca Peroncino, me dice entusiasmada.
¡Perfecto,
Peroncino entonces!
Antes de irse, me
pregunta si tengo 18 años.
Sí, tengo 23, le
contesto.
Vaya, aparentas
muchos menos. Lo siento, es que tengo que preguntar.
No pasa nada, lo
entiendo.
La misma historia
de siempre. Sí, soy mayor de lo que parezco. Mucho mayor. Como 7
años mayor.
Esta vez invita y
paga la mamma, pidiendo il conto en la mesa.
Cogemos la bici, y
ahora sí que sí, vamos a la spiaggia.
Candamos las bicis
donde podemos, ya que está el parking del Spinnaker lleno, y
antes de tumbarnos a la Bartola, la mamma pide una
bottiglia d'acqua.
Facciamo il bagno, anda, che fa
caldo.
Va bene, un
bañito. Pero esta vez pequeño.
Un rato de sol (la
mamma, claro. Io continuo nella mia ombra), y aparece una
mariquita.
Ritorniamo a
casa, andiamo, che ho fame.
Hoy tenemos pasta
casera con tomate y queso.
Tonino toma
la del otro día, con albondiguitas, recalentada en la sartén, ya
que aquí no hay microondas, que dice que le gusta más, perché è
più saporito così.
Dopo di mangiare, arriva il caffè.
Escribo, subo una
entrada más, y salimos a dar un paseo. Con la bici, claro.
Llegamos a Globo,
tienda de zapatos y bolsos, que ahora vende de todo. Vamos en busca
de unos pantalones cortos de deporte, a poder ser algo holgados. Sí,
de esos que se llevan ahora. Al menos en España. ¿Que por qué
quiero comprar pantalones? Bueno. Lleva unos días doliéndome la
tripa a todas horas, y solo se me pasa cuando me pongo el pijama.
Hemos descartado que sean gases o que algo me haya sentado mal. Así
que sí, he caído algo tarde, pero me duele la tripa porque me
aprieta el pantalón. Lo imposible a llegado. No mucho, pero la
pelirroja ha engordado. Yo, doña “si me giro un poco,
desaparezco”. Ecco!
No encuentro ningún
pantalón que me guste, solo de baloncesto, pero de esos ya tengo en
casa y luego no los uso.
Así que nada,
seguiré con mi problema con i pantaloni. Eso sí, me compro
una sudadera. Nada cantosa, poco colorida.
Después de Globo,
continuamos con la bici hasta el puerto. Poco que decir que no haya
dicho ya. Hoy lo que vemos es aún más bonito: el atardecer desde el
puerto.
También con las
gafas de sol como filtro, que es aun mejor.
Volvemos a casa, y
como la calle está cortada por lo de la Sagra della Vongola,
organizada por la Iglesia (la otra iglesia de Giulianova. La
que tiene la acera de su propiedad), intentamos coger un camino
alternativo, pero no está señalizado (ni bien ni mal, non c'è),
así que no es fácil. De hecho, acabamos en la calle de la iglesia
por ese “camino alternativo”.
Además como somos
bicis, y ésta tiene menos éxito que La Sagra delle Sagre,
podemos pasar.
Al llegar a casa,
Tonino nos dice que aunque esté cortado, pueden pasar tanto
bicis como peatones. Que está cortado para le macchine.
Me voy a la
terraza, como de costumbre, y escribo. Y subo una entrada más. Y
edito las fotos para subir más entradas luego.
Me llaman a cenar.
La mesa está puesta, y para cenar tenemos nuestra propia Sagra,
pero soltanto di alici (boquerones).
No recordaba cuánto
echaba de menos la ensañada de lechuga.
Tras la cena, más
scrivere, más retocar fotos, y más subir entradas.
Cuando acabo de
subirlas, porque no tengo pasado a word más contenido, que si no
seguía, voy a la cocina.
A la vez que entro,
sale la mamma. Angelina ha preparado chocolate
caliente, y sale para ver si quiero un poco*.
*Querer un poco:
significa que tienes que tomarlo, sí o sí, porque lo ha hecho
especialmente para ti, porque sabe que te gusta el chocolate.
Aprovecho que ya de
por sí iba a entrar para hacerlo diciendo que es el chocolate quien
me llama, y consigo así sacarle una sonrisa a Angelina. Que no es
difícil, he de decir.
El chocolate está
muy rico, pero è troppo pesante.
Al terminar,
andiamo a dormire. Vamos por la terraza y así cojo el
portátil.
Intento escribir un
po, pero ho sonno. Así que nada, domani tratto di
aggiornarmi.
A domani!



































No hay comentarios:
Publicar un comentario