Comienza el viaje, ¡y qué viaje! Un
mes entre Roma y Giulianova. Ciudad turística y playa
cristalina.
Mi padre me ha invitado (solo a mí
porque la mamma ya está en Italia, Julia anda por Zaragoza, y
Marta está trabajando) a más de un par de cervezas, y tras eso y
una siesta frente a la tele, y deshacer y rehacer la maleta, ponemos
rumbo al aeropuerto.
Como ahora te la haces tú mismo,
maleta de 22.0kg que “ni miran” y mandan “p'a dentro” (sin
asegurarse de si he puesto o no bien los códigos, que menos mal que
vi cómo se lo hizo la azafata a mi madre el pasado 21 de Julio: una
pegatina en cada uno de los tres lados que quiera elegir, y el código
grande colgado del asa lateral).
Paso el control, que aunque es pronto,
con tres cervezas cada uno encima ya tenemos bastante (aunque ambos
dos hayamos reposado un rato), y espero, mientras me dirijo hacia las
puertas HJK, a que salga exactamente la puerta de embarque del vuelo
a Fiumicino.
Tras un rato sentada en la zona de
espera de la puerta K62, me coloco en el grupo 2, ya que vuelo con
Iberia, y en principio se respeta el orden de grupos.
A menos 5, en lugar de menos cuarto,
comienzan a llamarnos, y tras 20 minutos me toca entrar. Mi billete
electrónico (como empieza a ser costumbre) falla, pero me ven cara
de buena (o qué sé yo) y me dejan pasar.
Me toca en el pasillo, al lado de dos
treintañeras de vacaciones, que van con dos que se sientan delante,
y que se pasan el viaje hablando de su amiga, la que pidiendo dinero
a sus padres se fue y casó en Argentina, que está embarazada y va a
adoptar a los dos sobrinos de su ahora marido... Vamos, el típico
viaje “vamos a marujear que estoy hasta las narices del trabajo”.
Tras tres o cuatro “puestas al día”
más, (no soy cotilla, hablan muy alto), decido no comprar el menú
“croissant + shandy + patatas fritas por 9€” y llegamos.
Salimos, al contrario de lo que pone en
mi billete, a la T1 (muy mal, Iberia, olvidasteis avisar), y al salir
y conseguir la maleta, donde casi tiro a tres personas de lo que
pesaba (al final solamente tiré mi maleta), escribo a mi madre pero
no me responde.
Releo la conversación que tuvimos
antes de despegar por whatsapp, y veo que me dijo que a ella un
autobús aeroportuario le llevó a la T3, así que, aunque a mí no
me ha movido de la T1 ningún autobús, intuyo que esperan allí (en
la T3), y al ver en un cartel que está a 5 minutos, voy andando.
Al llegar, viendo que me iba a tocar
esperar, me grabo para Tant Pis (soy su corresponsal en Roma para
éste verano 2015), y como no recibo respuesta de mi madre, a pesar
de haber hecho tiempo, me conecto al wifi del aeropuerto, que es
gratis.
Resulta que me están esperando en la
T1, porque sabían que no llegaría a la T3, así que “vamos
nosotros, bueno no, coge un trolley y vente tú, bueno no, espera
allí, que ya vamos nosotros”, y nada, que me recogen la mamma
y Francesco, vamos al coche en el que nos espera Alfonso,
y ponemos rumbo al “Eur” (*) a dejar a Francesco en
su casa, y después a casa de Alfonso y Rita (donde viviremos
hasta que viajemos a Giulianova y cambiemos campamento), a
“cenare qualcosa”.
Deshago la maleta y a dormir, que
mañana será otro día.





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