Me levanto, desayuno como en casa de Alfonso e Rita pero sin
corn flakes, me ducho, y me visto. Esperamos a que llegue Tonino,
que ha ido a affitare l'ombrellone, un lettino e uno sdraio.
Al llegar él, nos vamos de vuelta. Nos lleva en coche, nos deja
allí, y nos dice que le llamemos para la vuelta, si queremos que nos
recoja.
El sitio se llama Spinakker Beach. El señor es muy amable. Le
enseñamos la tarjeta, y un ragazzo bagnino nos acompaña.
Tercera fila, número 7. Así será durante todo Agosto.
Nos bañamos, un rato en la tumbona, otro baño, ducha fría en las
duchas reservadas para clientes, y ritorniamo a casa.
Nos espera la comida en la cocina: Rigatoni con pomodoro fresco e
gamberi. Macarrones grandes con tomate natural y gambas.
El tiempo está cambiando. Parece que se avecina tormenta. Al menos
eso decían en la playa. “Il temporale”, de eso se
hablaba. Bueno, y de comer, a medida que se acerca l'una.
Cuando estamos a punto de tomar el café, arriva il idraulico,
el fontanero. Viene a arreglar el grifo de la cocina, que pierde
agua. 15 minutos tumbado en el suelo, como en las pelis americanas
(qué narices tiene la cosa, tener un padre fontanero y que me venga
a la mente uno de una serie americana... Será por eso de “en casa
del herrero, cuchillo de palo”), y listo. Son 10€, no me quedo al
café. Estoy servido, grazie.
Nos tomamos el café (senza il idraulico) con azúcar moreno,
y vamos a la terraza. Como se acerca il temporale, non c'è il
sole.
Entramos. Me visto de largo porque tengo frío. Sí, sí. FRÍO. La
mamma me mira raro.
Nos ponemos de acuerdo, nos vamos a dar un paseo. Ella se coge una
camisa “por si acaso” (yo por frío) y salimos.
Antes de salir, que no falte, Angelina nos da dinero por si
queremos comprarnos un helado. Ese dinero que dan las abuelas “para
pipas”. Ese.
Entramos en el primer supermercado que vemos, a ver qué venden.
Panini de nutella, y crema parecida a la Nivea, pero fabricada
en Italia. La Nivea de Tres Cantos ya la tenemos en España.
Seguimos nuestro paseo. Buscamos un puesto de alquiler de bicis, pero
no encontramos nada.
Por el Lungomare no hay.
Giramos por Via Venezia. Llegamos a una zona con algo más de
gente, pero el puesto de bicis está cerrado, o ya no está. Puede
que sea porque es lunes. También nosotras, menudo día escogemos
para buscar tiendas abiertas.
Volvemos a casa por Via Trieste. Pensamos en tomar algo en la
terraza de un hotel, pero en lugar de eso vamos a la spiaggia
libera, que tiene un banco, y pasamos un rato allí.
En realidad podríamos haber estado en nuestras hamacas. Pero bueno,
otro día sarà.
Volvemos a casa, me cambio a corto (al final la mamma no ha
usado la camisa, y yo he pasado calor), y tras echarme la crema de
los mosquitos en todas y cada una de las picaduras que aun tengo y
aun escuecen (porque no se le puede llamar “picar”), estoy un
rato fuera.
Llega Tonino, está un rato conmigo, y me dice que busque abajo, a un bel ragazzo. Miro por la terraza, pero no veo a nadie. “Non c'è nessuno”, le digo. Debe haber entrado, me dice. Y entonces entro en la cocina. Es Fabrizio, il loro figlio, que viene a cenar.
Llega Tonino, está un rato conmigo, y me dice que busque abajo, a un bel ragazzo. Miro por la terraza, pero no veo a nadie. “Non c'è nessuno”, le digo. Debe haber entrado, me dice. Y entonces entro en la cocina. Es Fabrizio, il loro figlio, que viene a cenar.
Tras un rato de chiacchierare, sobre todo los demás, que
tienen mil cosas que decirse y a mí el ascolto tampoco me
viene mal, arriva la cena.
Frittata e cena di ieri. Todo buenísimo, y en buena compañía.
Fabrizio es súper simpático.
Hablamos de viajes, de amores, de desamores, de perros, de cerveza,
de familia, de política. De vídeos y de fotos. De mi blog. Toda la
familia debe estar ya al tanto de que tengo un blog. Lo leerán,
aunque esté en español, así que más me vale no contar nada malo.
¡Como si pudiese hacerlo!
A las 23h, se va. Tiene que ir a ver a Penny, su perrita,
porque hay rayos, truenos, y relámpagos, aunque de momento no
llueva.
Los que quedamos, salimos fuera a pasar el rato. Si está de vicio.
El vientecillo se agradece. ¡Vaya que si se agradece! Hace hasta
frío (y no soy la única que lo dice).
Truenos. Relámpagos. Rayos. Un cielo precioso. Iluminado “a
volte”. Bello.
Pasadas las 24h, andiamo a dormire. Domani queremos
levantarnos pronto para ir a buscar lo de las bicis antes de ir a la
playa. Tenemos la dirección, a ver si hay suerte.
A domani!




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