martes, 11 de agosto de 2015

Día 10

Me levanto pronto, la mamma como de costumbre ya no está, y desayunamos café con ciambelone di pesca, a las 9:30h.
Media hora después, salimos en la búsqueda de las famosas bicicletas.
Antes de nada dejamos las cosas en la playa (las toallas y la crema, las cosas de valor sí que nos las llevamos), y miramos en google maps hasta qué parte del Lungomare tenemos que llegar para encontrar las bicis.
Llegamos al punto de información, de donde cogemos dos mapas, uno de Giulianova y otro del Abruzzo, y nos cuenta el buen señor que el servicio gratuito de bicicletas terminó hace dos años, aunque siga publicitado en la página web. Que de hecho él mismo ha llamado para que lo retiren, para no hacer feo, pero que, por lo que acaba de ver, no le han hecho ni caso. Aun así, nos cuenta que hay un puesto de bicicletas enfrente, a la vuelta, que preguntemos allí (aunque no son gratuitas), así que allá que vamos.

En el puesto de bicis, una casita de madera con una señora que lee un libro, no parece haber mucho movimiento, por lo que intuímos que no hay tanta demanda de bicicletas como nosotras pensábamos. Nos cuenta que tenemos tres opciones: media jornada por 3€, un día 5€, y una semana por 30€, sin incluir los 20€ de fianza. Tenemos que comentarlo en casa, porque por las noches necesitaríamos un lugar para dejarlas y que no desaparezcan, si queremos recuperar la fianza, así que damos las gracias, y nos vamos sin bicis.
Volvemos a la playa, y al llegar nos damos un baño. Al salir, la mamma toma el sol, y yo la sombra.


Tomamos un pequeño aperitivo (aquí antipasto) compuesto por una birra, una coca cola, y un pedazo de pizza margherita. Todo por 6,70€, y lo más barato de todo, la pizza. Delicioso.
Al terminarlo, voy a ponerme las sandalias, y veo un pequeño saltamontes en ellas.


Volvemos a casa. Al llegar la comida está casi. Vemos a Angelina cocinando. Yo saco la cámara de fotos, porque merece la pena.





No nos duchamos porque volveremos a la playa después de comer.
Gnocchi alla carne, il pomodoro, e il parmeggiano reggiano. Mi padre estaría encantado, porque además, solo gnocchi!


Yo, por mi parte, pienso que voy a engordar. Pero mucho.
Terminamos de comer, y me tumbo en el sofá un rato. Me caigo de sueño. Y no sé por qué, porque no hacemos nada (aparte de tomar la sombra en una tumbona).
Me medio duermo (como era de esperar), y cuando abro un poco el ojo, y los oídos, veo que de lejos me susurra Angelina que ha pensado en esperar, que puedo seguir en el sofá, porque la mamma está en la terraza con la cigaretta. Que si espero a que estemos todos. Claro que sí, como no. Aunque me levanto, no vaya a ser que me duerma profundamente y luego no haya quien me despierte.
Ya está el café, y ya no susurramos. Café con il ciambelone alla pesca.
Decidimos volver a la playa, y Angelina no nos deja irnos sin llevarnos “un poco” de melone, y “unas pocas” uvas.
Vamos a la playa, y comemos la fruta. Un bañito, y de vuelta a casa a las 19:30h.
Al llegar Angelina acaba de hacer lo mismo. Ha ido a la peluquería, y se ríe contándonos que con éste calor, y a medida que se hace mayor, no consigue salir de la peluquería sin recogerse el pelo.
El mejor remedio es la terraza y chiacchierare, así que eso hacemos. Fino alle 21h. La cena está lista.
Carne in bianco (súper blandita) con insalata de pomodoro e rucula.


La mamma quiere pan para “gesto de mojar el pan en la salsita”, y Angelina contesta que lo quiere para “fare la scarpetta”. Es lo que nos fascina del italiano, que sea tan preciso. Que tenga un termino específico para cada acción. Una palabra para cada gesto. Digamos que “fare la scarpetta” sería como “chapotear en la salsa”.
Al terminar, terraza y “helado”. Yo de pistaccio. La mamma de amarena.


Digo “helado” porque es más bien “batido”. Angelina se ríe, dice que bien podríamos tomarlo con una cannuccia (pajita).
Pido a la mamma si puede cepillarme el pelo, ya que llevo desde que llegué a Italia sin hacerlo, y accede. Después de varios tirones, me dice que “no era tanto como pensaba”. Meno male.
Ahora sí, vado a fare la doccia.
Aunque lo intente, ya que no hay cortina, es imposible no mojar el suelo. Y he olvidado la esponja en la habitación. A ver si ya mañana me acuerdo.
Vuelvo a salir, y la mamma e io nos ponemos una camisa. ¡Hace hasta frío! “Paradiso”.


Dopo di molto chiacchierare, tomo la pastilla del sol, y vado a dormire.

A domani!

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