Me levanto pronto, la mamma como de costumbre ya no está, y
desayunamos café con ciambelone di pesca, a las 9:30h.
Media hora después, salimos en la búsqueda de las famosas
bicicletas.
Antes de nada dejamos las cosas en la playa (las toallas y la crema,
las cosas de valor sí que nos las llevamos), y miramos en google
maps hasta qué parte del Lungomare tenemos que llegar para
encontrar las bicis.
Llegamos al punto de información, de donde cogemos dos mapas, uno de
Giulianova y otro del Abruzzo, y nos cuenta el buen
señor que el servicio gratuito de bicicletas terminó hace dos años,
aunque siga publicitado en la página web. Que de hecho él mismo ha
llamado para que lo retiren, para no hacer feo, pero que, por lo que
acaba de ver, no le han hecho ni caso. Aun así, nos cuenta que hay
un puesto de bicicletas enfrente, a la vuelta, que preguntemos allí
(aunque no son gratuitas), así que allá que vamos.
En el puesto de bicis, una casita de madera con una señora que lee
un libro, no parece haber mucho movimiento, por lo que intuímos que
no hay tanta demanda de bicicletas como nosotras pensábamos. Nos
cuenta que tenemos tres opciones: media jornada por 3€, un día 5€,
y una semana por 30€, sin incluir los 20€ de fianza. Tenemos que
comentarlo en casa, porque por las noches necesitaríamos un lugar
para dejarlas y que no desaparezcan, si queremos recuperar la fianza,
así que damos las gracias, y nos vamos sin bicis.
Volvemos a la playa, y al llegar nos damos un baño. Al salir, la
mamma toma el sol, y yo la sombra.
Tomamos un pequeño aperitivo (aquí antipasto) compuesto por
una birra, una coca cola, y un pedazo de pizza margherita.
Todo por 6,70€, y lo más barato de todo, la pizza.
Delicioso.
Al terminarlo, voy a ponerme las sandalias, y veo un pequeño
saltamontes en ellas.
Volvemos a casa. Al llegar la comida está casi. Vemos a Angelina
cocinando. Yo saco la cámara de fotos, porque merece la pena.
No nos duchamos porque volveremos a la playa después de comer.
Gnocchi alla carne, il pomodoro, e il parmeggiano reggiano. Mi
padre estaría encantado, porque además, solo gnocchi!
Yo, por mi parte, pienso que voy a engordar. Pero mucho.
Terminamos de comer, y me tumbo en el sofá un rato. Me caigo de
sueño. Y no sé por qué, porque no hacemos nada (aparte de tomar la
sombra en una tumbona).
Me medio duermo (como era de esperar), y cuando abro un poco el ojo,
y los oídos, veo que de lejos me susurra Angelina que ha
pensado en esperar, que puedo seguir en el sofá, porque la mamma
está en la terraza con la cigaretta. Que si espero a que
estemos todos. Claro que sí, como no. Aunque me levanto, no vaya a
ser que me duerma profundamente y luego no haya quien me despierte.
Ya está el café, y ya no susurramos. Café con il ciambelone
alla pesca.
Decidimos volver a la playa, y Angelina no nos deja irnos sin
llevarnos “un poco” de melone, y “unas pocas” uvas.
Vamos a la playa, y comemos la fruta. Un bañito, y de vuelta a casa
a las 19:30h.
Al llegar Angelina acaba de hacer lo mismo. Ha ido a la
peluquería, y se ríe contándonos que con éste calor, y a medida
que se hace mayor, no consigue salir de la peluquería sin recogerse
el pelo.
El mejor remedio es la terraza y chiacchierare, así que eso
hacemos. Fino alle 21h. La cena está lista.
Carne in bianco (súper blandita) con insalata de pomodoro
e rucula.
La mamma quiere pan para “gesto de mojar el pan en la
salsita”, y Angelina contesta que lo quiere para “fare
la scarpetta”. Es lo que nos fascina del italiano, que sea tan
preciso. Que tenga un termino específico para cada acción. Una
palabra para cada gesto. Digamos que “fare la scarpetta”
sería como “chapotear en la salsa”.
Al terminar, terraza y “helado”. Yo de pistaccio. La
mamma de amarena.
Digo “helado” porque es más bien “batido”. Angelina se ríe,
dice que bien podríamos tomarlo con una cannuccia (pajita).
Pido a la mamma si puede cepillarme el pelo, ya que llevo
desde que llegué a Italia sin hacerlo, y accede. Después de
varios tirones, me dice que “no era tanto como pensaba”. Meno
male.
Ahora sí, vado a fare la doccia.
Aunque lo intente, ya que no hay cortina, es imposible no mojar el
suelo. Y he olvidado la esponja en la habitación. A ver si ya mañana
me acuerdo.
Vuelvo a salir, y la mamma e io nos ponemos una camisa. ¡Hace
hasta frío! “Paradiso”.
Dopo di molto chiacchierare, tomo la pastilla del sol, y vado
a dormire.
A domani!





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