domingo, 9 de agosto de 2015

Día 8

A las 9 me despiertan las campanas de la iglesia. Abro un ojo y veo de pie a la mamma. No sale de la habitación porque Alfonso e Rita siguen durmiendo. Tenemos que esperar a que suene la persiana del salón, señal de que están despiertos. Me quedo en la cama hasta las 10:30h.
Me levanto, que ya no está la mamma, y voy a desayunar. Sí, justo, eso mismo. Cacao, leche, azúcar, y corn flakes.
Termino y salgo a la terraza. Tengo que esperar para ducharme porque está Alfonso en el baño.
Termina y entro yo. Me ducho y recojo todo.
Me olvido del champú, me lo dice la mamma, que todo lo registra y lo recoge.
También encuentra mi pen drive azul debajo de la cama. Quién sabe cómo llegó allí, si no lo he utilizado...
Salgo a la terraza, un rato de chiacchierare, y entro de nuevo al salón, para escribir el cuaderno.

Cuando estoy a punto de terminar, veo a Rita con platos y cubiertos. Recojo lo mío y se los quito de las manos. Hoy pongo yo la mesa.
Son las 12:40h. Comemos tan pronto porque a las 14:25h tenemos el pullman a Giulianova. Playa, humedad. Sol. Calor... Pero ZERO ZANZARE! (mosquitos).
Spaghetti alla pizzaiola (al succo d'ieri).



Spaghetti al dente, riquísimos. Los primeros saben a carne.
De postre, una pesca. Hoy recordé hacer foto. Artística, además.


Terminamos. Recogemos entre todos (yo los posavasos, no me permiten llevar nada más), y el café lo tomamos de pie en la cocina, porque ya hemos recogido hasta el mantel (no queremos llegar tarde al autobús). Me echo, por primera vez, el azúcar antes de que me sirvan el café, así que todos descubren que, lo que yo tomo, es azúcar con café. No se ve el fondo de la taza, dice Rita.
Que quieres que le haga, soy así de amarga, necesito dulce.
Cuando Rita y Alfonso se dan la vuelta, estamos ya en la puerta con las maletas, y las mochilas a la espalda.


Bajamos todos al garaje. Tetris en el maletero, mientras noto como se acercan los últimos mosquitos (espero) de mi verano. Ecco!
Ponemos rumbo a la estación. Rumbo que conocemos gracias a haber ido ayer a por los billetes. Que si no, nos habríamos perdido. Seguro.
Además, salimos de casa para llegar justos, así que no habría dado tiempo a prendere il biglietto prima di prendere il pullman. Una cosa, o la otra.
Por suerte, como ya he dicho, vinimos, la mamma previsora, que en todo piensa, ieri, así que llegamos con tiempo (un po).
Alfonso espera en el coche, igual que ayer, porque no hay ni un solo sitio libero. Vamos con Rita.
Cada una lleva una maleta (recordemos que ayer metimos una dentro de otra).
Vamos a los andenes de dos cifras, pero no es ahí. No son estos.
Rita busca por un lado, la mamma por el otro, y yo me quedo en medio, con las tres maletas (4 en realidad) el maletín, mi mochila, y el portapasaporte (hoy portabilletesdeautobús).
Vuelve la mamma. Es en el andén (stallo para autobús, binario para tren) 2. Buscamos a Rita (con la mirada) y vamos para allá.
Las maletas las metemos en el lado de Giulianova, así que no tendremos que preocuparnos tanto como decía Alfonso (por eso de que nos las pudiesen robar).
Subimos al pullman, y tras 10 minutos (14:28h) partimos.


Nada más salir de Roma, llueve. Llueve muchísimo.
Una hora o un poco más por autostrada (auntopista), y llegamos a la primera parada: L'Aquila.
Seguimos: Val Vomano; Teramo: Piazza Garibaldi, e Piazza San Francesco; y por último, Giulianova.
Como en el autobús había l'aria condizionata, al bajar del bus, Giulianova nos saluda y recibe con un buen tortazo. ¡Qué calor! Menos calor que en Roma, todo hay que decirlo, pero mucha, mucha, mucha más humedad.
Esperamos detrás de la parada del bus, a la sombra. La mamma llama a Zia Angelina, y nos dice que Tonino ya está de camino.
Buscamos un coche azul, pero resulta que el actual es rojo, y que además Tonino ha adelgazado 20kg, así que, por una cosa y por otra, estamos 20 minutos enfrente pero no nos encontramos. No importa, estamos en Giulianova. Alla fine.
Nos recoge, y tras tetris con las maletas y el maletín en el maletero (de ahí, me da en la nariz, debe venir el nombre), camino a casa. Está encantada de tenernos allí. Estamos como en casa nostra. Me dicen que no hablo, pero la mamma me excusa, ya sabe que tardo en abrirme. Más tarde no habrá quien me calle.
Nos quedamos en la cocina, mientras Angelina cocina, y hablamos de todo un poco. Al rato nos muestra la casa. Está un poco desordenada, o eso dice ella (no ha visto mi habitación...). Nos enseña su cuarto, que ahora será el nuestro. Non è problema, nos dice. La mamma e io nos quedamos en la habitación, para deshacer la maleta.
Al terminar, cojo el bloc, para intentar hacer un árbol genealógico de los Di Renzo – Di Giovanni, porque cuando hablan de familia, con tanto nombre italiano, me pierdo. Que si Francesco, Fabrizio, Mirco, Maurizio, Stefano...
Como la mamma no está segura de todos, entramos a la cocina (aun con el calor del horno, que está encendido), y dejamos a Angelina que nos cuente. Se acuerda más o menos, y la pobre se disculpa, digamos que con ellos más que con nosotras. “Mira que no acordarme”, dice. Al final, conseguimos todos menos los de los cinco hijos del hermano de mi abuelo que se fue a vivir a Venezuela.
Recojo, que vamos a cenar. Son las 19:15h. En Giulianova no hay horario fijo, porque unos días se cena o come antes, otros se hace después, y no hay problema. Pero se mangia pronto.
Insalata di pollo in salsa verde, pomodori freschi ripieni di insalata rusa, e cornettini alla ricotta, con il formaggio e il salame.

El tamaño mostrado no concuerda con el tamaño real del plato...
Al terminar, salimos a la terraza. Esta brisa no es brisa. Es viento. “Esto sí que es vida”.
La mamma me dice que por la mañana el sol entra por nuestra ventana. Aun así, no puedo pensar en ello, solo puedo pensar en el vientecillo que hace en la esquina de la terraza que da a la que ahora es nuestra habitación.
Tras una hora de cháchara, una birra a compartire.
Un'altra ora, e dopo andiamo a dormire. 00:00h.

Domani, un altro giorno sarà! A domani!

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