jueves, 12 de marzo de 2020

Veggie Challenge: Día 12

Hoy toca madrugar, aunque menos que Angy, pero como nuestros horarios se solapan y si no nos vemos para desayunar, no nos veremos hasta el sábado por la mañana (y porque no tengo curso, que si no hasta la tarde), quedamos para desayunar en Van Gogh.
Café y barrita con tomate (Angy, además, le añade jamón).


Tras desayunar, y al final un poco apresurada porque se me hace tarde, me voy con mis rubiales. Pasamos la mañana en casa, excepto un rato que coincidimos con Angy y "sus peques" para dar un paseo. Aprovechamos para explicarles a todos ellos la importancia de lavarse las manos, no tocar objetos de la calle (coches, farolas, barandillas) y luego, sin lavarnos antes las manos, rascarnos el ojo o la nariz. Les parecimos un poco pesadas, pero creo que lo han pillado.
Aunque hay quien piensa que "qué tontería", no pasa nada por que los niños se junten, soy de la opinión de que, si han cerrado colegios, quizá no es demasiado recomendable convertir en patio de recreo las casas, así que declinamos educadamente (a pesar de los ojitos que me ponen) quedarnos en casa de sus amigos, y vamos a casa "a ver qué comemos".
Pues nada, aunque no hay foto, hacemos entre los tres (mis rubios y yo), tortilla de patata con cebolla. Sale riquísima, y la acompañamos de una mayonesa casera. Viene su mamá, y comparto con ella mi ensalada griega. Angy, que viene de hacer fotos, se une. Ya sabéis, donde caben 3, caben cinco. De postre yo me tomo un yogur de soja, pero mis rubios se reservan para el proyecto de la tarde: ¡una galleta gigante!


Me dejan salir antes, así que voy con tiempo al Van Gogh, y dejo la comida casera para otra ocasión. He quedado con Angy así que compartimos unos tequeños, ella se pide un sándwich cubano sin pepinillos, y yo un sándwich vegetal. Tampoco hago foto, y casi casi nada más terminar, entro a currar, que está mal visto eso de cenar en el lugar de trabajo, y llegar tarde.

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